Programa Radial
La Mente de Cristo (#1578)
Pasaje bíblico: Filipenses 2:5-7
"Haya, pues, en vosotros este mismo sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimo ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojo a si mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humillo a si mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz".
Filipenses 2:5-7
El apóstol Pablo ya establecido el estándar por el cual los creyentes de Filipos deben de medir su vida. Cada seguidor de Jesucristo debe de esforzarse en vivir una vida digna del evangelio de Cristo. El apóstol continua desarrollando esta idea en el segundo capitulo. La vida digna del evangelio, que honra a Cristo, tiene un aspecto interno - tiene que ver con nuestras actitudes, la manera en que pensamos y sentimos acerca de nosotros mismos y de otros. Estas actitudes, en su momento, determinan nuestras acciones; lo que hacemos depende de cómo pensamos. En este capitulo Pablo esta preocupado por la manera, que como cristianos, nos tratamos lo unos a los otros. La armonía debe ser la marca de la relación entre cristianos. Y la clave para esta unidad cristiana se encuentra en la humildad. Ese es un tema entretejido en el capitulo dos.
Pablo esta hablando aquí sobre lo que podríamos llamar "la mente cristiana", o de la manera del pensamiento cristiano. El dice, "Completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa. Nada hagáis por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a el mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros" (2:2-4). La unidad de la que Pablo esta hablando aquí, es unidad en lo que creemos, de lo que experimentamos, y de la voluntad. Eso quiere decir que como cristianos debemos compartir la misma fe en la verdad del evangelio, una participación común en el amor de Dios, y un propósito común para la vida - vivir para la gloria de Dios.
Luego Pablo se vuelve a la idea de la humildad. La unidad y la humildad están muy relacionadas, y las cosas que se oponen para que las dos estén juntas son, el orgullo, el egoísmo y la ambición. De ahí el consejo de Pablo, "No mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual por lo de los otros". Eso no quiere decir que debemos pretender que todos los demás en el mundo son mejores que nosotros. No, eso no es lo que significa humildad. Ser humilde no significa subestimarnos a si mismos. Lo que Pablo esta diciendo es, "ninguno de ustedes debe preocuparse solo de su propio bienestar. Miren también por el bien de los demás". El propósito de Dios es que los cristianos seamos una comunidad en la que, con humildad, nos sirvamos unos a otros.
Ponernos al servicio de los demás no es cosa fácil. ¿Por qué poner los intereses de los demás delante de los nuestros? Eso no tiene sentido, a menos que usted sea cristiano; porque entonces, usted tiene muchas razones para ser humilde. Pablo expone algunas de estas razones. Si Cristo Jesús demanda su obediencia, si usted tiene gratitud por haber sido redimido por el inmensurable amor de Dios, si usted ha experimentado la vida abundante que viene del Espíritu de Dios, entonces, "completad mi gozo", dice el apóstol.
Pero, Pablo tiene un mejor argumento. ¿Por qué debemos ser humildes? "Haya, pues, este mismo sentir que hubo también en Cristo Jesús", dice Pablo. En otras palabras, ustedes deben pensar de la misma manera como lo hace Cristo. Esta es la mente de Cristo; la manera de pensar de Cristo. El se humillo a si mismo, poniendo los intereses de los demás por encima de los suyos propios.
Los versículos en los que Pablo describe la humillación y la exaltación de Cristo, se cree fueron uno de los primeros himnos cristianos. La primera estrofa de este himno (v. 6-7) establece un patrón que los siguientes versículos mantienen. Comienza con describir la vida de Cristo como Dios pre-existente. Antes de que todo fuera creado, El ya existía como Dios. Cristo fue eterno, como Dios es eterno. Dios Hijo poseía internamente, y lo demostró exteriormente, la misma naturaleza de Dios Padre. La siguiente cosa que aprendemos es la actitud de Cristo, como Dios pre-existente. "[El] no estimo el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse". Eso quiere decir que El no se aferro a esa posición suprema, a la gloria infinita que era suya por naturaleza y por derecho. A cambio, El se despojo de todo eso, adoptando la posición de un siervo, escogiendo el dolor y la humillación como hombre sobre esta tierra. ¡Dios Hijo se hizo siervo!
La segunda estrofa de este himno (v. 7-8), describe la vida encarnada de Dios Hijo. "Tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre". La cuidadosa confección de estas dos frases tiene por propósito proteger la verdad que, Jesús fue totalmente humano, él también fue mas que eso. De manera que, aunque él fue tan humano como nosotros, él no fue identicamente como nosotros. El fue infinitamente mas que un ser humano.
Ahora bien, la actitud de Jesús, como Dios encarnado, es descrita exactamente como fue él fue Dios pre-encarnado: "El se humilló a sí mismo". Deliverada, consciente y voluntariamente, él se despojo de todo honor, descendiendo hasta la humillación. Y todo eso por amor a personas pecadoras. El resultado de esta acción de humillarse, fue obediencia hasta la muerte, y muerte de cruz. Su vida terrenal en su totalidad, desde su comienzo en el pesebre de Belén, hasta el último aliento de vida en la cruz del calvario, fue dedicada a una obediencia completa a la voluntad del Padre.
¿Cuál era la voluntad del Padre? Darse a sí mismo, en la persona de su Hijo, para salvar a los pecadores. Eso es lo que significa ser Dios. Ser Dios significa dar, y no recibir; Cristo Jesús dio, y dio hasta que toda su vida fue ofrecida y no quedaba nada mas que dar. Frecuentemente pensamos que, tener poder y posesiones, gloria y riquezas, significa que usted tiene la abilidad de obtener todo lo que uste quiere para sí mismo. Así es en la vida de los poderosos de la tierra. Sin embargo, el único privilegio que Cristo Jesús ejercitó, fue el privilegio de despojarse así mismo y darlo todo, incluyendo su vida misma. El poder de Dios significa tener la capacidad de hacerse lo suficientemente débil para morir, para poder salvar a aquellos que El ama. El poder de Dios puede verse en la intensidad de su amor. El usa su poder para redimir, no para dominar y destruir.
Finalmente, en la tercer estrofa de este himno (v. 9-11), se nos habla de la vida de Cristo como Dios exaltado. El Cristo crucificado no se quedó en la tumba. El no fue abandonado en la mas baja humillación. Dios lo levantó con poder y gloria para exhaltarlo hasta lo sumo. Este himno describe la acción del Padre en glorificar a Jesús, su Hijo: "Por lo cual, Dios lo exhaltó hasta lo sumo". La respuesta del Padre a la entrega y humillación de su Hijo en sacrificio, fue honrarlo por sobre todas las cosas y criaturas en el universo.
En otras palabras, la exhaltación de Cristo fue el amén del Padre, a la obra redentora del Hijo cuando dijo "consumado es". Y, por cuanto Cristo Jesús ha sido exhaltado hasta lo sumo, "toda rodilla ha de doblarse, y toda lengua ha de confesar que Jesús es el Hijo de Dios, para gloria de Dios Padre". De esta manera Dios respondió a la actitud de humildad de Cristo. El punto principal que debemos recordar es, si deseamos terminar en el lugar donde está Cristo, entonces nuestra mente tiene que ser como la de él.
La carrera de Cristo Jesús fue de gloria acentuada con humildad y humillación voluntaria, seguida por una exaltación. Esto nos ilustra que la manera de pensar de Dios es muy distinta a la nuestra. Con Dios, el camino hacia arriba es abajo. Si usted quiere ser exhaltado en el cielo, usted debe humillarse en la tierra. El Señor Jesús lo dijo de esta manera: "El que quiera ser el mayor entre vosotros, debe ser servidor de todos". "Dios resiste a los soberbios y da exhalta a los humildes". Pude sonar absurdo, pero no lo es. Así es la mente de Cristo. Amén.

